Juan del Olmo, presidente de Aiqbe, comunica sus impresiones sobre temas de actualidad en los sectores hidrógeno y otros combustibles emergentes. Del Olmo es ingeniero técnico de Minas por la Universidad de Huelva, con másteres en Salud y Condiciones de Trabajo, Mantenimiento Industrial y Seguridad Contra Incendios. y desde 2003, dirige la planta de regasificación de Enagás Transporte.
Del Olmo: «Andalucía, y especialmente Huelva, se han consolidado como referentes en el desarrollo de nuevas industrias vinculadas a la transición energética; El potencial de Huelva será plenamente aprovechable solo si se culminan en plazo las infraestructuras clave que aún están pendientes «
¿Cuáles son los combustibles del futuro? ¿Hidrógeno, Metanol, combustibles sintéticos, Biodiésel, Bioalcohol…?
En los próximos años conviviremos con una amplia variedad de combustibles. Los tradicionales, como la gasolina y el gasóleo, seguirán presentes en el mercado, aunque con una cuota que irá reduciéndose de forma progresiva conforme avance la transición energética. En paralelo, el hidrógeno y sus derivados —metanol, amoniaco y combustibles electrolíticos—, en sus versiones renovables o “verdes”, ganarán peso de manera significativa en el mix energético global.
Asimismo, los biocombustibles avanzados y los combustibles sintéticos —en particular el Saf (Sustainable Aviation Fuel) para la aviación— se consolidarán como vectores energéticos de primer orden, junto con el biogás y el bio-Gnl, que también irán ganando relevancia en el mercado energético global, como confirman organismos como la Agencia Internacional de la Energía, y cuyas proyecciones apuntan a que el hidrógeno verde, los biocombustibles avanzados y los combustibles sintéticos incrementarán de forma sostenida su papel en el sistema energético mundial durante las próximas décadas.
¿Qué cantidad de hidrógeno/ metanol u otros combustibles de interés se producen actualmente en Huelva y a nivel nacional?
Huelva consume aproximadamente un tercio del hidrógeno total de España, lo que la convierte en uno de los principales polos de demanda de este gas a escala nacional. Sin embargo, este hidrógeno es, en su práctica totalidad, de origen fósil —fundamentalmente hidrógeno gris obtenido a partir de gas natural—, siendo Moeve en su Parque Energético La Rábida y Fertiberia en la producción de fertilizantes nitrogenados los principales consumidores. Este dato pone de relieve la magnitud del reto y, al mismo tiempo, la enorme oportunidad que representa el despliegue de hidrógeno verde en la provincia.
Actualmente, la producción de hidrógeno verde en Huelva —y en el conjunto del país— es todavía muy limitada. La instalación de referencia más relevante en España es la planta de Iberdrola en Puertollano (Ciudad Real), que cuenta con un electrolizador de 20 Mw de tecnología Pem y produce unas 3.000 toneladas anuales de hidrógeno renovable, suministrado a la fábrica de fertilizantes de Fertiberia en esa localidad.
En estos momentos, los proyectos vinculados al hidrógeno verde están mayoritariamente en fase de diseño, tramitación o inicio de construcción. Todos ellos tienen como horizonte el cumplimiento del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (Pniec 2023–2030), que fija el objetivo de alcanzar 12 Gw de capacidad instalada de electrólisis en 2030. El cumplimiento de este objetivo permitiría producir en torno a 2 millones de toneladas anuales de hidrógeno verde, frente a las 500.000–600.000 toneladas que se consumen actualmente en España. En Huelva, proyectos como el Valle Andaluz del Hidrógeno Verde de Moeve —con una primera fase de 304 millones de euros cuyo inicio de obras estaba previsto para la primera mitad de 2026— sitúan a la provincia en una posición estratégica de cara a este objetivo nacional.
¿Cuándo cree usted que el hidrógeno formará parte de la vida real de la ciudadanía?
La incorporación del hidrógeno verde a la vida cotidiana de los ciudadanos será gradual y dependerá de la evolución conjunta de varios factores: La reducción de costes de producción, el despliegue de infraestructuras de distribución, el desarrollo tecnológico de los sistemas de almacenamiento y el ritmo de la demanda industrial. En el transporte, los vehículos de pila de combustible de hidrógeno —ya presentes en autobuses urbanos y flotas de mercancías pesadas en varios países europeos— irán ganando cuota de mercado de forma paulatina. Resulta arriesgado fijar una fecha exacta, pero todo apunta a que la presencia del hidrógeno verde será perceptible para la ciudadanía a lo largo de la segunda mitad de esta década, con una aceleración previsible a partir de 2030.
¿Cuál es el gran reto de estos nuevos combustibles en los próximos años? ¿Es uno de ellos su utilización en vehículos pesados tales como camiones, autobuses, trenes o barcos?
Los sectores cuya descarbonización resulta más compleja, como el transporte pesado, la navegación marítima y la aviación, requieren el desarrollo de nuevos combustibles sostenibles. Como he mencionado anteriormente, estos serán diversos, pero destacarán especialmente los derivados del hidrógeno verde, los biocombustibles y los combustibles sintéticos. Sin la incorporación de estos vectores energéticos, la descarbonización de dichos sectores no será viable.
La primera generación de biocombustibles ha sido un hito en los últimos años (Biodiesel-Glp-Gnc), pero no ha tenido una penetración profunda en el mercado y en la sociedad. ¿Cuál sería el problema en esta situación y cuál sería la solución?
El principal problema de los biocombustibles de primera generación radicó en la naturaleza de las materias primas empleadas: cultivos agrícolas como la caña de azúcar, el maíz, la remolacha o el aceite de palma, que compiten directamente con la cadena alimentaria humana y animal. Su demanda masiva como fuente energética provocó presiones al alza sobre los precios de los alimentos, generando tensiones en países en vías de desarrollo con alta dependencia de esos cultivos. Adicionalmente, el balance de carbono de muchos de estos biocombustibles resultó ser inferior al esperado, cuestionando su contribución real a la descarbonización.
La respuesta está en los biocombustibles de segunda generación, cuya materia prima procede del aprovechamiento de residuos orgánicos que no compiten con la alimentación: aceites vegetales usados de cocina, grasas animales residuales, desechos agrícolas y forestales, y otros efluentes industriales. Esta circularidad les otorga un balance de Co2 notablemente más favorable —pudiendo superar reducciones del 80% frente a los combustibles fósiles a lo largo de todo su ciclo de vida— y elimina el conflicto con la seguridad alimentaria que lastró a la primera generación.
Huelva y Andalucía Occidental tienen a priori un papel importante en la producción de nuevos combustibles y fuentes de energía. ¿Qué le parece esta situación? ¿Y cuándo es la previsión de que estos proyectos estén a pleno rendimiento?
Andalucía, y especialmente Huelva, se han consolidado como referentes en el desarrollo de nuevas industrias vinculadas a la transición energética. Huelva destaca por su complejo industrial, considerado el más diversificado de España, y por consumir aproximadamente un tercio del hidrógeno total del país.
Estas cifras reflejan el papel estratégico de la provincia en el sector energético nacional, que solo en industrias de Aiqbe, cerró 2024 con una inversión récord de 746 millones de euros.
Además, el Puerto de Huelva posee una notable especialización en el tráfico energético de graneles líquidos, lo que facilita la logística de materias primas y productos energéticos. municipios como Palos de la Frontera y la propia Huelva cuentan con una sólida tradición industrial, lo que favorece la atracción de nuevas inversiones en energías renovables y la implantación de empresas en el Polo Industrial de la zona.
No obstante, el potencial de Huelva será plenamente aprovechable solo si se culminan en plazo las infraestructuras clave que aún están pendientes: la mejora de las conexiones viarias, el refuerzo de las redes eléctricas de alta tensión —imprescindibles para los grandes electrolizadores— y la garantía de suministro hídrico, fundamental para la producción de hidrógeno verde por electrólisis. La finalización de estos proyectos no es un complemento opcional, sino una condición necesaria para que Huelva consolide su posición como polo industrial de referencia en energías limpias a escala europea.
Según las previsiones, Moeve-Bioils tiene programada la puesta en funcionamiento de su planta de biocombustibles entre el segundo semestre de 2026 y el primer semestre de 2027. Proyectos como Moeve-Exolum (muelle de descarga de combustibles), Atlantic Copper con el proyecto Circular y la ampliación de la planta de fertilizantes de Fertinagro cuentan con fechas similares de inicio de operaciones. Actualmente, solo en las industrias agrupadas en Aiqbe se están ejecutando inversiones por un valor de 2.300 millones de euros.
¿Tiene España capacidad para producir hidrógeno y otros combustibles emergentes que le permitan autoabastecerse? En este sentido, ¿puede España competir con otros países en la producción de hidrógeno?
La transición energética será un proceso gradual durante el cual los combustibles tradicionales y los emergentes coexistirán durante un largo período. En ese contexto, el autoabastecimiento de hidrógeno verde representa una oportunidad estratégica de primer orden para España: reduce la dependencia de combustibles importados —que en 2019 suponían el 61% de nuestra dependencia energética, según el Pniec— y refuerza la autonomía y la resiliencia del sistema energético nacional.
España está bien posicionada para convertirse en una potencia exportadora de hidrógeno verde y combustibles renovables. Sus recursos solares y eólicos figuran entre los más competitivos de Europa, con costes de generación eléctrica renovable entre los más bajos del continente. Según el Censo de Proyectos 2025 de la Asociación Española del Hidrógeno (AeH2), la capacidad de electrólisis prevista para 2030 asciende ya a 13,3 GW, superando el objetivo del Pniec. Para materializar este potencial es imprescindible garantizar un marco normativo estable y predecible que dé seguridad jurídica a las grandes inversiones que estos proyectos exigen.
Así pues, la innovación tecnológica será un factor decisivo para acelerar la transición energética. La reducción progresiva de los costes de los electrolizadores y las mejoras en eficiencia de los procesos de producción, almacenamiento y transporte del hidrógeno son aspectos clave para que España pueda competir con garantías en el mercado internacional de combustibles renovables.
¿Cómo está afectando el conflicto de Oriente Medio o la guerra en Ucrania a la industria española?
La situación que atraviesan las empresas asociadas a la Aiqbe es similar a la que viven otras compañías españolas, ya que el encarecimiento de los carburantes ha impactado directamente en los costes del transporte. A esto se suma que el precio del gas natural ha aumentado de forma notable, situándose en torno al 50-60%, mientras que el petróleo ha experimentado una subida cercana al 45%. No obstante, más allá de las consecuencias económicas inmediatas, lo que realmente predomina es una profunda incertidumbre sobre el futuro. El alcance real de esta problemática dependerá, en gran medida, de la duración del conflicto y del estado en que queden las infraestructuras en la zona afectada, ya que su recuperación podría requerir un periodo prolongado.
En cuanto al suministro eléctrico, señalar que muchas empresas disponen de contratos de precio fijo, lo cual les aporta una mayor estabilidad frente a las fluctuaciones del mercado. Además, en España los precios de la electricidad se han mantenido más bajos que en otros países europeos. Este hecho se ha visto favorecido por la relevante presencia de energías renovables y una elevada producción hidráulica, factores que han contribuido a evitar variaciones significativas en los costes eléctricos durante este periodo.
Por otro lado, consideramos muy acertadas las medidas aprobadas recientemente por el Gobierno, ya que contribuyen a paliar el impacto de la subida de los precios de los combustibles y la electricidad. Resulta especialmente relevante la reducción del 80% en los peajes para las empresas electrointensivas, así como la opción de disminuir la potencia contratada tanto en electricidad como en gas. Estas iniciativas suponen un alivio considerable para las compañías, permitiéndoles afrontar el actual contexto económico con mayor solvencia.












